Quasimodo, poeta incisivo

Galves, Jordi
Quaderns Divulgatius, 35: Premis de la Crítica de l'AELC 2008.

 

Es un auténtico acontecimiento —en lengua catalana— la publicación de la poesía completa de Salvatore Quasimodo (1901-1968, pronúnciese Quasímodo como quería el escritor) correspondiente al texto de Tutte le Opere de Salvatore Quasimodo de 1965-1966 y 1969 excepto «les traduccions poètiques i els poemes dispersos, inèdits o ja rebutjats per l'autor» como afirma el profesor Francesco Ardolino. Las vinculaciones entre el Nobel italiano y la cultura catalana son preferentes y cálidas, recordemos las traducciones de Tomàs Garcés en Cinc poetes italians o la visita a Barcelona en noviembre de 1961 y sus relaciones con Garcés, Marià Manent, Josep M. Bordas, Palau i Fabre, José Maria Valverde. Quasimodo representa en el contexto internacional de la poesía neolatina del siglo XX un ejercicio de contención lingüística, de contención idiomática y expresiva, de descarnadura, de ejercicio de esencialización en un diálogo o confrontación entre lo íntimo y lo externo. Quasimodo es el poeta del paisaje agreste y volcánico de su Sicília natal —la localidad de Modica— y el poeta de los sentimientos deshilachados, de las cosas medio dichas o medio pensadas, no del todo comprensibles como la vida misma. También es el poeta fascinado por la Grecia y Roma antiguas, el poeta civil y comprometido, el intelectual engagé que sale del mundo contemplativo e interiorizado para dar a sus conciudadanos una perspectiva vital y responsable, crí tica y literaria de la sociedad. Por ello se le ha relacionado —para irritación del interesado catalán, nada propincuo al comunismo— con Salvador Espriu, poeta de hiatos, silencios, clasicismos y de civilidad lírica.
«Cercaven els ocells el mill / i eren de neu tot d'una; / també les paraules. Un xic de sol, la resplendor d'un àngel, / després la boira; i els arbres, / i nosaltres fets d'aire en el matí.» La traducción de Susanna Rafart es elegante y exacta en este conocido poema, «Hivern antic», en su cotidianidad maravillosa, su satisfacción amorosa, su identificación con el paisaje y lo meteorológico. También lo es la de Eduard Escoffet ocupado de los libros postreros de Quasimodo, los del drama del holocausto, la experiencia de la muerte, la responsibilidad ciudadana y la propia armonía consigo mismo, inserido en el paisaje: «No he perdut res. / Perdre és caminar més enllà / d'un diagrama del cel / encalçant moviments de somnis, un riu / ple de fulles.» Pocos libros dan la imagen completa de éste, de seriedad traductora y aproximación literaria, de belleza de edición y fina arquitectura libresca. Casi diríamos que estas obras completas de Quasimodo podrían ser el modelo de cómo debiera nuestra cultura acercarse a los grandes autores clásicos, a los premios Nobel que marcaron una etapa y siguen siendo referentes de nuestro mundo actual.

(La Vanguardia, Culturas, 6 de febrer de 2008)

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