Santos que fueron también dioses

El Mundo, 24 de febrer de 2012
Bel Carrasco

Los santos no están de moda, salvo contadas excepciones, han sido desenterrados de la vida cotidiana, la mayoría de las personas ignoran la vida y milagros del hombre o mujer que ingresó en el santoral con su mismo nombre. De ser una asignatura obligada en los colegios del franquismo, en los que las Vidas ejemplares, biografías ilustradas para niños, eran lectura obligatoria, especialmente, durante los ejercicios espirituales, pasaron hace tiempo al más absoluto anonimato. Es una consecuencia de la sociedad laica, que con todas sus ventajas tiene también un lado negativo, la pérdida de un acervo cultural transmitido generación tras generación.

Recuperar en parte ese patrimonio en peligro de extinción es el objetivo de El Sant del dia (El santo del día), un libro peculiar que acaba de publicar Alfons Llorenç en Edicions del Bullent, que rescata del olvido a los santos nuestros de cada día a la manera de los antiguos almanaques de pared.

«No se trata de un santoral al uso, ni de una colección de hagiografía de santos», dice Llorenç. «Lo he escrito como un homenaje a mi entorno, a mis raíces, para resucitar un imaginario colectivo y los personajes que los poblaban. Antes, los días tenían cada uno nombre de santo, igual que los años eran conocidos por algún acontecimiento importante, como el Año del Cólera, de la riada, etcétera.»

Nacido en Gadea (1951), un pueblo cercano a Alcoi, y alimentado desde la más tierna infancia por las historias de su abuelo, Llorenç critica la invasión de costumbres foráneas, como el Halloween, mientras muchas de las nuestras languidecen. Un ejemplo entre muchos es la costumbre que tenían antaño los niños en muchos pueblos valencianos de vaciar melones y sandías, introducir dentro una vela y desfilar con el fruto colgado de cuerdas a modo de luminaria. «Este rito significa el fin de las cosechas, el descanso de la tierra y la luz estaba dedicada a las almas difuntas», explica Llorenç.

«La cultura americana ha acabado con nuestras formas de culto a la muerte, porque para ellos, la vejez, la enfermedad y la muerte forman el eje del mal, que hay que apartar del mundo real y encerrar en una especie de guetto», comenta. «En nuestras celebraciones funerarias en tiempos pretéritos, tenían un papel muy importante el alimento y las luces para que el difunto encontrara su camino al más allá y no regresara a importunar a los vivos.»

En la nutrida nómina de santos hay muchos que proceden directamente de la mitología grecorromana, asumidos y adaptados por la Iglesia de acuerdo con una filosofía realista. La figura de San Jorge, primer patrón de Valencia y de la caballería valenciana, cuyo corcel representa a Apolo, simboliza la muerte del dragón que propicia el viento céfiro y las lluvias primaverales que garantizan una buena cosecha.

San Miguel, de gran presencia en la industria textil de Alcoi, es la versión cristiana de Mercurio dios del comercio y también de Marte, dios de la guerra. Hay que recordar que el Miguelete era el centro neurálgico de la red de torres vigías que mediante fogatas o fumarolas vigilaba las costas de la amenaza de los piratas.


Salud y fertilidad

Los protectores de la salud y la fertilidad figuran entre los santos más carismáticos en Valencia. San Sebastián y San Roque, así como Santa Apolonia, patrona de los dentistas y guardiana de la dentadura. San Antonio del Porquet es otra figura potente, símbolo del invierno con las santantonades y fogueres, así como San Abdón y San Senent, a los que se rinde culto en numerosas ermitas, representan el verano.

San Cristóbal, en origen protector de las aguas y los pozos y, posteriormente, de los medios de transporte, también tiene un gran protagonismo, como ocurre en la ciudad de Venecia. Cuando la turba asaltó la judería valenciana, en 1331, el rabino consiguió paralizar el ataque anunciando la noticia que se había encontrado una imagen de San Cristóbal en un pozo.

Junto a la salud, la fecundidad, era una de las principales obsesiones de los devotos para asegurar su descendencia en una época en que sin planes de pensiones, sólo los hijos podían garantizar una vejez digna. «Entre diciembre y febrero, el antiguo Carnaval valenciano, se enlazan antiguas fiestas romanas, las saturnalias, las lupercalias y las matronalias dedicadas a Juno», indica Llorenç. «En febrero se celebra la fiesta de tres santas muy relacionadas con las mujeres y la maternidad, Santa Brígida, vinculada a la buena calidad de la leche materna, Santa Águeda, el 5 de febrero, que antiguamente se celebraba eligiendo a una alcaldesa por un día, y Santa Catalina y las catalinetes, una celebración en la que las niñas asumían el poder. San Blas y la Candelaria anunciaban el fin del invierno.»

Santos «apócrifos»

¿Pueden ser santos los que no fueron liberados del pecado original por el bautismo? En caso negativo hay muchos santos que se podrían considerar como apócrifos, desde San José o los padres de la Virgen, Santa Ana y San Joaquín, a otros más pintorescos, como San Rómulo, o San Noé. Lo importante es que sus vidas y milagros forman parte de un acervo cultural. «Sin conocer el misterio de la Eucaristía no se puede entender a Pérez Galdós, y sin saber lo que es el dogma de la Inmaculada, tampoco se entiende el Tirant», concluye Alfons Llorenç, discípulo de Sanchis Guarner.