Vértigo en la niebla

Guillamon, Julià
Quaderns Divulgatius, 30: Premis de la Crítica de l'AELC 2006

 

En el apartado que dedica a las aguas compuestas en su libro clásico El agua y los sueños, Gaston Bachelard reflexiona sobre la imaginación material –agua, aire, tierra y fuego– y apunta que acostumbra a gustar de las combinaciones. Uno desearía que su elemento favorito lo impregnase todo, que fuera la esencia del mundo. «Pero a pesar de esta unidad fundamental», escribe Bachelart, «la imaginación material quiere conservar la variedad del universo. A esto tiende la noción de combinación. La imaginación formal necessita la idea de combinación». Así encontramos combinaciones de agua y fuego (el ponche de los cuentos de Hoffman), de agua y noche (el mar de tinieblas de Poe), de agua y tierra (la pasta, el agua viscosa: Bachelart cita a Dalí y a Paul Claudel).

Desde las primeras páginas de Mistana de Núria Perpinyà (Lleida, 1961) el lector tiene la sensación de que los referentes reales o literarios poco importan y que toda la novela se va a desarrollar siguiendo las leyes de la imaginación poética. Estamos en un espacio de aguas compuestas en el que la niebla representa un elemento esencialmente ambiguo. Perpinyà se complace en presentarla como una mezcla de agua y aire enrarecido («una estranya fumera que s’enganxa a les branques i emmascara la neu»), de agua y tierra («del que jo en dic pantà tu en diràs núvols»), de agua y fuego («el sofre grogós flueix per l’atmosfera del poble»). Estas imágenes singulares aparecen montadas sobre una trama elemental, la historia de un meteorólogo que, tras un grave error de predicción, se refugia en un pueblo perdido, con la esperanza que un descubrimiento científico le permitirà eliminar la niebla y enjugar la culpa. En los primeros compases, Perpinyà se recrea describiendo el efecto de condensación, la fumarasa que invita a la somnolencia, las gotas que se forman en el techo de las casas y las máquinas monstruosas que aspiran los humos del aire. Sabe recrear a la perfección la atmósfera pesada por el moho y la humedad, obteniendo a través del lenguaje un efecto similar a los procesos que describe. Procesos de desmaterialización y saturación, de pérdida de referentes táctiles y visuales, que provocan sensación de vértigo y desequilibrio.

El punto de partida es impactante. El personaje extraviado, el sentimiento de culpa que le lleva a buscar la redención en el viaje, el pasado de los habitantes de Mistana oculto entre las brumas. La novela se despliega con una técnica que deja libre espacio a la improvisación, cruzando juegos de palabras, diálogos delirantes, obsesiones de infancia, referencias a la sexualidad, la medicina y la psicología, que aparecen sin la gratuidad y la profusión de otras veces. El relato se articula como un encadenamiento de episodios sin un sentido argumental cerrado que se disponen en jirones en torno a nueve atributos arbitrarios de la niebla: perdida, ciega, maligna, etérea, húmeda, quieta, demente, menor, trágica. La estructura recuerda bastante la de Una casa per compondre en la que Perpinyà revisaba diversos tipos de casas para terminar con un largo capítulo apoteósico en el que hacía estallar todos los conflictos. También aquí se especula hasta el capítulo final en el que las distintas tramas culminan en una escena de tragedia griega. Quizás argumentalmente hubiera convenido introducir mucho antes un cambio de ritmo para amarrar la atención del lector.

Desde el punto de vista de la imaginación material la novela experimenta también un desplazamiento. Pasamos de las primeras páginas basadas en contradicciones y oposiciones de contrarios a unos últimos episodios en los que la niebla pierde opacidad y se convierte en una especie de líquido envolvente, una sustancia voluptuosa y femenina. Mistana es un libro muy especial. Por el paisaje misterioso e invisible, con los cuarenta menhires, el palacio vacío con sus mármoles veteados y sus decoraciones barrocas, la cueva esencial y el balneario-burdel oneroso. Por los cambios de personalidad, motivados por la variación de los humores, que lleva a hombres y mujeres a la locura. Por el clima de intriga permanente, sexual y de poder. Por la mezcla de elementos primitivos y arquetípicos con otros sacados de la actualidad (el caso del meteorólogo Simbert recuerda lo que le pasó hace unos años a Rodríguez Picó).

Algunos lectores verán en Mistana un experimento, pero detrás del malabarismo se adivina la misma preocupación por la inteligibilidad del mundo de Un bon error (1998) y Una casa per compondre (2001), más allá del juego metaliterario, la novela apunta a la posibilidad de reconquistar la realidad a través de la imaginación simbólica. Supongo que se trata también de una fantasía crítica sobre el propio entorno, sobre la vida provinciana de la ciudad de Lleida, sobre la necesidad de encontrar un camino al margen de la tribu.

Después de tres libros de ficción Perpinyà parece haber dado con la fórmula adecuada para expresar la variedad de sus intereses y la avasallante complejidad de su mundo interior.

La Vanguardia, 6 de juliol de 2005.

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