Torres heridas por aviones

Galves, Jordi
Quaderns Divulgatius, 33: Premis de la Crítica de l'AELC 2007 setembre del 2007
 

La imagen de los aviones estrellándose en las Torres Gemelas ya forma parte del paisaje de la poesía catalana de hoy gracias a Hilari de Cara (1945). El aplaudido autor de Bolero y de Quaderns d'es Llombards, doctorado con una feliz tesis sobre Quim Monzó y profesor durante algunos años en la ciudad de los rascacielos, la deja entrever de manera distraída pero no casual en Absalom, un excepcional ejercicio lírico localizado en la capital del dolor de nuestro mundo contemporáneo. Nueva York, metrópoli enamoradade sí misma, libre y optimista, culta y espita de su propio cuento, conmovedora y fascinante en su tristeza, que se antoja un espejo de todas las formas de opulencia y de miseria, de refinamiento y de vulgaridad, en el que todo contrasentido encuentra su doble: donde el Rockefeller Center dialoga con el Yankee Stadium. Como en el poema de Lorca, el libro de Cara está hiperpoblado de cristales rotos y de basura, de nocturnidad y de negros, de frío ante las hogueras, de asfaltos agrietados y de vagones herrumbrosos en una vía muerta y apartada. La enumeración es febril, incesante en todo tipo de formas y colores, en olores, texturas y sonidos, angustiada en su exceso por atender a cada paso, por dar cuenta de todo y comprender, en un movimiento permanente que huye de las ruinas y de lo caduco. Como un instinto de vida.

Como un estallido de vida. Cara opone a la experiencia hostil de la ciudad la propia biografía amorosa –no menos hostil– entendida como disciplina para el espíritu, el método propio de la aventura lírica que le permite ir más allá del desfallecimiento, la dispersión y la renuncia. Es desde el territorio mismo de la poesía que, en un gesto que recuerda mucho al Saint-John Perse de Anábisis, el poeta vuelve sobre sus recuerdos de lectura, sobre la lección de las formas más antiguas, sobre la épica –como corresponde a una vida errante–, escuela de energía, de entusiasmo moral que narra la construcción de un futuro plausible, contrastado, real –esto es, vivo– frente a la tentación de la cobardía. Frente a ese espejismo que denominamos precipitadamente felicidad: «L'amor / com l'escriptura, no guareix, / un nord a l'ànima, / no cura, com parlar-ne massa / o no parlar-ne gens

En contraste con Nueva York, el desierto de Arizona o las llanuras de Utah, el recuerdo solar y salitrado de su Mallorca ribereña se equipara al cuerpo de la amada como una experiencia llena de sentido que hay que desentrañar. «La pell de la ciutat em crema més que els / teus dits / com una altra casa que em defuig, / com un altre pare que m'expulsa de cameva.» El reto consiste en reconocerse, en explicarse la propia vida como lo ya vivido por otros, tantos otros idénticos, dubitativos, inquietos, incapaces de comprender hasta que todo resulta ya demasiado tarde. La historia del bellísimo Absalón, hijo de aquel rey David que venció al temible Goliat, también es la nuestra. Sus frondosos cabellos enzarzados en la austera vegetación de Judea le impidieron escapar de la muerte a manos de los soldados de su padre. Lo que sucedió en la Zona Cero neoyorquina repite el mismo esquema, la misma atadura: «Com una pedra muda / i la teva trista història, una lliçó als esclaus /sota la sorda llangor de les estrelles.» Grande, bello, sabio, un libro como pocos.

(Article publicar a La Vanguardia, Culturas, 31 de maig de 2006)

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