Frankfurt 2007

En 1991 fue España el país invitado de honor en la Feria del Libro de Frankfurt. En aquella ocasión se montó en el segundo piso del pabellón oficial -de formas toreras- una exposición (notoriamente realizada sólo para cubrir el expediente) dedicada a las otras culturas: las periféricas. El logotipo de la participación española era una ñ, que ya era en sí una reafirmación excluyente. A catalanes, vascos y gallegos la ñ no nos identifica lingüística ni literariamente. La España plural no se escribe sólo con ñ.
En Frankfurt 91 se presentó la literatura en lengua española editada en España. Nada de literatura en español editada en Sudamérica. O, en todo caso, nada de escritores latinoamericanos. No se presentó, pues, la literatura escrita en España (en toda España: en todas sus lenguas), sino sólo la literatura de los escritores que en España escriben en castellano, que como se sabe son muchos y buenos. En justa reciprocidad, ahora tocaría hacer lo mismo. Con la diferencia de que la cultura catalana debería priorizar los escritores en catalán, sean de donde sean (Janer Manila ya ha anunciado que la representación balear será sólo en lengua catalana).
Para Frankfurt 2007 no se ha invitado a España ni a Catalunya: se ha invitado a la cultura catalana. La fórmula ya sirvió para la cultura árabe, invitada en el 2004. En la que, por cierto, estaban ausentes los escritores de origen árabe que escriben en lenguas europeas. Como el gran Tahan Ben Jelloun o Fatima Mernissi.
Sería una muestra de respeto que ahora, aquí nadie se rasgara las vestiduras más de la cuenta si la presencia catalana en Frankfurt 2007 se monta básicamente sobre los libros y los autores en lengua catalana.
La de Frankfurt, no lo ignoro, es una Feria del Libro, la más importante del mundo. Pero eso no quiere decir que, cuando se ha conseguido (gracias, principalmente, a Àlex Susanna) que la cultura catalana sea la invitada especial, perdamos de vista qué es lo más distintivo, y no digo lo único, de la cultura libresca producida en Catalunya.
No hay que ir a Frankfurt mostrando sólo la potencia, indiscutible, de nuestra industria editorial sino el peso de una cultura -y especialmente de una cultura literaria-singular.
Nada, pues, de discriminación positiva entendida como una concesión o como la guinda de un pastel. Nada de edulcorar -con gastronomías, músicas o dramaturgias afásicas- el peso de la lengua en nuestra tradición y en nuestra singularidad literaria. La cultura que se presente en una Feria del Libro debe ser básicamente la cultura literaria. Y la cultura literaria específica de Catalunya es la que se expresa en lengua catalana. Aunque en Catalunya se escriba, y se publique, también, y mucho, en otras lenguas.
El mayor peligro de nuestra presencia en Frankfurt 2007 es la indistinción (que es el mal de siempre en un país como el nuestro, tan desposeído del mínimo sentido del poder y, en consecuencia, tan proclive al asamblearismo y al tótum revolútum en el que diluir toda jerarquización, siempre discutible). Digan lo que digan los intereses particulares, y especialmente los de los escritores y los editores que tienen como propio el ancho mercado del español, la representación catalana en la Feria del Libro de Frankfurt debería ser, por parte de las instituciones públicas encargadas de su diseño, lo más clara y lo menos confusionaria posible.

 

Oriol Pi de Cabanyes