La vocación o el destino

Julià Guillamon
Quaderns Divulgatius, 35: Premis de la Crítica de l'AELC 2008.

Dos fuerzas contrarias se enfrentan en la literatura catalana de los últimos años. Novelas como Sota la pols de Jordi Coca o L’edat de les paraules de Emili Bayo explican el nacimiento de una vocación, el descubrimiento de los primeros libros (El año de la peste, El conde de Montecristo) y la pulsión de escritura. La felicitat no es completa de Vicenç Pagès o L’home manuscrit de Manuel Baixauli, en cambio, culminan con la desaparición del escritor y su legado. En las obras de Coca y Bayo la literatura es tabla de salvación y el libro que el lector tiene en las manos un testimonio del triunfo sobre las miserias de la vida. En las de Pagès y Baixauli la paz no dura, la dicha es transitoria y la vulgaridad del mundo impone fácilmente su ley. La imagen escogida por Baixauli para explicar la situación es tremenda. El protagonista, un misantrópico escritor, ha muerto, y la casa que le servía de refugio está vacía. El constructor la contempla mientras saborea un habano. Los obreros del desguace le traen notícias: ¡las paredes estan totalmente cubiertas de escritura! ¡hay montones de cuadernos, miles de páginas!

En un par de episodios que recuerdan El metall impur, los personajes dialogan entre tinieblas, ansiosos de encontrar su lugar, toda vez que su paisaje ha desaparecido. Decir que L’home manuscrit recuerda a El metall impur es decir mucho: la novela de Julià de Jòdar es uno de los libros más importantes que se han publicado en catalán en los últimos años, aunque los señores del Crexells y los que deciden las listas de Frankfurt no se hayan enterado.

Lo que más me gusta de L’home manuscrit de Manuel Baixauli (Sueca, 1963) es que a partir de un planteamiento inicial que no es gran cosa, va creciendo como un puzzle, con piezas que forman ejes y bordes que se completan y rellenan. Las páginas que dedica a los nonatos, a la persecución por Sueca del escritor Josep Palacios (modelo del escritor separado del mundo y superexigente), el relato de un viaje a México después del terremoto del 86, apuntan una personalidad singular. Incluso cuando trata del primer contacto con las letras (tras robar un melón el chico se refugia en la biblioteca: así empieza todo), la figura de la bibliotecaria, la señorita Patro («arxiu vivent del clavegueram psicològic del poble»), salva la escena y la sitúa lejos del tópico. Aunque Baixauli es muy serio, se regala algunas licencias cómicas y en la novela llega a aparecer Dios tomando un refresco. La historia está construida a partir de una serie de revelaciones que marcan hitos en la vida del protagonista (leer, saber, desear, recordar, huir). Después de cada una de ellas se incluye un relato alegórico (algunos de gran belleza, como el del encuentro con los antepasados en el cementerio). Sin este tipo de contrapuntos, la historia vocacional y la crisis de los cuarenta no aguantarían. Gracias a la escritura versátil y a distintas tonalidades de voz, la historia del disidente «dels costums i comportaments del veïnat», «l’Elegit», «l’escriptor boig, solitari», resulta simpática y los momentos en los que la historia alcanza una dimensión trágica, lucen de verdad.

A los escritores sensibles, como Manuel Baixauli en Sueca, Toni Mollà o Vicent Alonso en València, Pere Rovira en Lleida o Ponç Pons en Menorca, les cuesta encontrar acomodo dentro de la realidad que les rodea, de lo que acostumbran a quejarse amarga y repetidamente. L’home manuscrit es así la deconstrucción de un dietario: muestra las motivaciones del autor, la formación sin culturalismos abusivos, la orgullosa agorafobia, la tendencia a creerse superior y al mismo tiempo, profundamente abyecto, la duda sobre cuál podría haber sido la vida del protagonista, tras la muerte de sus padres, si en lugar de escoger la soledad se hubiera refugiado en casa de los tíos. A diferencia de los autores que simplemente escriben y publican sus notas diarias, Manuel Baixauli ha elaborado un sofisticado artificio literario que sobresale por su brillantez e inteligencia.

(La Vanguardia, Culturas, 1 d’agost 2007)