Entrevistes
—Es curioso que el núcleo de la Unión Socialista Catalana esté integrado por intelectuales.
—Obedece esto a la naturaleza heterogénea de la masa proletaria. En Barcelona, antes de la formación del Sindicato Unico, prevaleció el anarquismo, determinado por la existencia de esa masa proletaria de acarreo y por ese fondo de romanticismo idealista de Cataluña.
—Su partido, ¿está reconocido por la Internacional Socialista?
—Esto no está ultimado a causa de la juventud misma del partido. Creo que no encontraremos dificultad para ser admitidos.
—¿Tienden ustedes a absorber los núcleos de la U.G.T. en Cataluña?
—No merece la pena. Llevan una vida muy precaria, y será mejor crear núcleos nuevos y jóvenes.
—La nueva generación de intelectuales catalanes, ¿ve con atención el desarrollo del partido?
—Hasta el punto y con tal simpatía, que hemos venido al Parlamento íntimamente ligados con la Esquerra. Aunque hayamos tenido que disentir de ella en el caso concreto del voto de confianza al Gobierno. Para nosotros es cuestión primordial en este momento el asegurar la continuidad de la República, que es el verdadero eje de España. Nunca hemos perdido la confianza en que el Gobierno hará honor a sus premisas de respetar la vida y la libertad de Cataluña.
Oblicuamos la conversación. Alomar es el embajador de España en Roma. ¡En Roma, que tanto puso impronta, aliento y espíritu en la isla!
—¿Para un catalán es un honor altísimo ser embajador de España en Roma, ¿no?
—Inmenso, sí. Siento la emoción de ese cargo que me espera. ¡Gran investidura, sí, señor, para un catalán!
—Usted es mallorquín...
—¿Qué más da? Catalán de Mallorca. Como se puede ser catalán de Valencia. Proclamarse catalán no es un acto de servidumbre a Barcelona, sino ensanchar el ecúmeno de un pueblo. Catalán es el idioma de toda la costa mediterránea española hasta Murcia, y de mi archipiélago nativo.
—Y hasta de esos bravos alguereses que hablan aún catalán en un rincón de Cerdeña. ¿No?
—Eso casi está extinguido, pero aún tiene para nosotros emoción. Yo me encontré una vez un algurés en Santa María de la Victoria, viendo la Santa de Bernini. No supo decirme diez palabras en buen catalán, pero... nos entendimos.
Realmente nada más fácil que entenderse con este hombre, todo mimo y expresión, bajo cualquier sol del mundo.
(Víctor de la Serna. El Sol, 1 d’agost de 1931)